¿Estás trabajando de forma segura? Los 3 riesgos laborales frecuentes y cómo prevenirlos

La mayoría de los accidentes laborales no aparecen de la nada. A veces basta con un suelo mojado, un objeto mal colocado, un movimiento repetitivo o un calzado poco adecuado para que una situación cotidiana termine en una lesión.

La prevención de riesgos laborales consiste precisamente en identificar esos peligros antes de que ocurra un accidente. Y aunque solemos pensar en la formación, las instalaciones o los protocolos de seguridad, hay otro elemento que también merece atención: el vestuario que utilizamos para trabajar.

Con motivo de la Semana Europea de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se celebra del 19 al 24 de octubre, repasamos en el post de hoy algunos riesgos habituales y qué podemos hacer para reducirlos en nuestro día a día.

 

1-Caídas y resbalones: atención a lo que pisamos

Los suelos húmedos, los líquidos derramados, los cables en zonas de paso y los obstáculos mal colocados pueden provocar resbalones y tropiezos. En entornos sanitarios, comerciales, industriales o de limpieza, estos riesgos pueden aparecer incluso durante tareas rutinarias.

¿Cómo prevenirlos?

-Mantener despejadas las zonas de paso.

-Limpiar los derrames cuanto antes y señalizar el suelo mojado.

-Evitar cables, cajas u otros objetos en lugares de tránsito.

-Utilizar un calzado adecuado a la superficie y a los riesgos identificados en el puesto.

El calzado debe ofrecer un ajuste correcto y unas características de agarre apropiadas para las condiciones reales de trabajo. No todos los suelos ni todas las actividades requieren el mismo tipo de calzado. Lo más recomendado es utilizar siempre calzado de trabajo homologado, antideslizante y que te ofrezca la sujeción necesaria para tu día a día.

2-Golpes y choques contra objetos

Es fácil golpearse con una camilla, una esquina, una puerta abierta, un carro de material o un cajón que sobresale. Son situaciones que pueden parecer insignificantes, pero que ocasionan lesiones y pueden repetirse si no se corrige su causa.

¿Cómo prevenirlos?

-Mantener el material ordenado y guardado cuando no se utilice.

-Comprobar que los pasillos y accesos están despejados.

-Abrir puertas, cajones y armarios con precaución.

-Utilizar prendas que permitan moverse con comodidad, sin partes sueltas que puedan engancharse.

La ropa de trabajo debe adaptarse a la actividad. Una prenda demasiado amplia, mal ajustada o deteriorada puede interferir con determinados movimientos o tareas.

 

3-Sobreesfuerzos, malas posturas y movimientos repetitivos

No todos los daños laborales se producen por un accidente repentino. Levantar cargas, mover pacientes, permanecer mucho tiempo de pie o repetir el mismo gesto durante horas puede generar molestias y lesiones musculoesqueléticas.

¿Cómo prevenirlos?

-Utilizar técnicas adecuadas para levantar y mover cargas.

-Pedir ayuda o recurrir a ayudas mecánicas cuando sea necesario.

-Ajustar el puesto de trabajo para evitar posturas forzadas.

-Alternar tareas cuando la organización lo permita e introducir pausas adecuadas.

Elegir prendas que faciliten los movimientos y no tiren, aprieten ni limiten la movilidad.

El vestuario no sustituye una buena organización ergonómica, pero sí puede contribuir a que el trabajador se mueva con mayor libertad y comodidad durante su jornada.

 

El vestuario laboral también forma parte de la prevención

Cuando hablamos de seguridad en el trabajo, pensamos en señalización, formación, protocolos y equipos de protección. Sin embargo, la ropa y el calzado también deben considerarse dentro de las medidas preventivas cuando sus características influyen en los riesgos del puesto.

Para elegirlos, conviene tener en cuenta varios aspectos:

-La actividad que se realiza: no necesita lo mismo un profesional sanitario que trabaja en consulta que una persona que manipula sustancias químicas o trabaja con maquinaria.

-La movilidad: las prendas deben permitir realizar los movimientos habituales sin restricciones ni elementos que puedan engancharse.

-El calzado: debe ajustarse correctamente y ser adecuado al suelo, al tiempo de uso y a los riesgos identificados.

-La protección necesaria: cuando exista un riesgo específico, hay que utilizar los equipos de protección indicados en la evaluación de riesgos.

-El estado y el mantenimiento: la ropa y el calzado deben revisarse y sustituirse cuando ya no cumplan su función.

También es importante recordar que los equipos de protección no eliminan el peligro por sí solos. La prevención debe empezar, siempre que sea posible, por eliminar el riesgo o reducirlo en su origen, complementando esas medidas con los equipos adecuados.

 

Una pequeña revisión diaria puede marcar la diferencia

Antes de empezar la jornada, merece la pena dedicar unos segundos a comprobar:

-¿Están despejadas las zonas por las que voy a pasar?

-¿El suelo está limpio y en condiciones seguras?

-¿Mi ropa está en buen estado y es adecuada para la tarea?

-¿Llevo el calzado y los equipos de protección que necesito?

-¿Hay algún riesgo que deba comunicar antes de empezar?

La seguridad laboral no depende de una única decisión ni de una sola persona. Requiere instalaciones adecuadas, procedimientos claros, formación, participación de los trabajadores y una evaluación continua de los riesgos.

Esta Semana Europea de la Seguridad y la Salud en el Trabajo es una buena ocasión para revisar nuestros hábitos y recordar algo esencial: trabajar con seguridad empieza por identificar los riesgos y tomar medidas antes de que ocurra un accidente.

¿Hay algún riesgo cotidiano en tu puesto de trabajo que crees que podría prevenirse mejor? Compartir experiencias y detectar pequeños problemas es también una forma de avanzar hacia entornos laborales más seguros.

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